Daniel Abarca “DADA”
Daniel Abarca “DADA” es artista visual y plástico, así como ceramista, con un interés constante por explorar las múltiples posibilidades que ofrecen las artes como campo de experimentación y reflexión. Su práctica se articula a partir de la observación crítica de la sociedad a la que pertenece, lo que le conduce a investigar territorios asociados a lo tabú, lo oscuro y aquello considerado decadente, con el propósito de proponer nuevas formas de pensamiento y generar experiencias que interpelen, incomoden y activen al espectador.
A través de su obra, subvierte símbolos y conceptos de carácter social y moral, construyendo una estética que cuestiona lo establecido y desestabiliza el orden normativo propio de los sistemas heteronormativos, patriarcales y cisgénero. Su producción busca visibilizar aquello que ha sido históricamente negado o marginado, utilizando el lenguaje visual como una herramienta de confrontación.
Reclamar su existencia y subvertir los límites políticos y sociales constituye un eje central de su práctica. Desde esta postura, denuncia las estructuras de poder vinculadas al sistema, al patriarcado, a la religión y a las clases sociales dominantes. Para ello, recurre al uso intencional de la forma y el color como estrategias para incomodar, confrontar y atacar la hegemonía mediante el sarcasmo y la irreverencia, con el fin de tensionar y alterar las estructuras sociales vigentes.
Daniel Abarca nació en Costa Rica, en 1997.
Cursó el Bachillerato en Diseño Plástico con énfasis en Diseño Cerámico en la Universidad de Costa Rica, formándose en metodologías de diseño y comunicación visual.
También cursó la carrera de Arquitectura en la misma institución académica.
Se ha dedicado a la educación de arte y producción artística desde el año 2018.
Daniel Abarca
Cerámica roja de alta temperatura con acabados en engobes y esmaltes de baja temperatura, 2021
30 × 30 × 30 cm
Sobre la obra
La escultura representa una rata con una máscara de gas, símbolo de supervivencia en entornos hostiles. La rata, históricamente vista como plaga, se convierte así en un reflejo de la humanidad misma: adaptable, resilente, pero también destructiva. La máscara de gas sugiere un mundo contaminado, una crisis provocada por nuestra propia existencia. Ser plaga es más que una condena; es una advertencia. ¿Somos víctimas del entorno o los causantes de su deterioro? La figura muta entre lo marginal y lo dominante, lo rechazado y lo inevitable. Esta escultura nos enfrenta a la incomodidad de reconocernos en lo que despreciamos."